Botes salvavidas de empresas
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Concurso de acreedores y Ley de Segunda Oportunidad, ¿botes salvavidas de empresas y profesionales?

Todas las empresas y profesionales pueden pasar por épocas que sean especialmente complicadas. De hecho, hay situaciones extremas que pueden llevarlos al borde del cierre y la quiebra. La falta de liquidez, la acumulación de deudas, los impagos, las complicaciones con trabajadores… Hay muchos factores que pueden complicar las cosas tanto a negocios como a expertos.

Pero, precisamente para este tipo de situaciones es para lo que se ha dado forma a mecanismos como el concurso de acreedores y la Ley de Segunda Oportunidad. Dos iniciativas que vamos a desgranar por completo a continuación.

Concurso de acreedores y Ley de Segunda Oportunidad

Pensadas como soluciones para casos graves, tanto el concurso como la LSO llevan un buen tiempo siendo de gran ayuda para aquellas firmas que se encuentran en un momento crítico. En ocasiones, no son más que la única forma de echar el cierre sin dejar atrás una deuda inmensa; pero, también hay que decir que a veces son útiles para que el negocio pueda volver a pelear en su sector como hacía hasta entonces.

Vamos a definir qué hace cada propuesta y cómo se aplica en cada caso correspondiente. Como podrás ver a continuación, una encaja mejor con el concepto de compañía; mientras que otra está más orientada a las personas físicas. Son soluciones diferentes para casos diferentes, pero que siempre tienen como objetivo común el poder ofrecer una ayuda a quien la necesita.

Concurso de acreedores

El concurso de acreedores es un procedimiento legal establecido para arreglar situaciones en las que un negocio no pueda hacer frente a los pagos y obligaciones adquiridas con sus acreedores. En efecto, es algo que se inicia cuando la empresa no tiene liquidez para afrontar sus deudas.

Esto es algo que se puede aplicar en más de un escenario diferente. Es posible que el negocio sea viable, pero tenga un problema de insolvencia temporal, en cuyo caso se buscaría una modificación de la deuda para cambiar plazos y replantearla de forma que se pudiera afrontar. También es posible que el negocio directamente no sea viable, en cuyo caso habría que replantear la empresa por completo con el fin de hacerla viable.

Salvavidas de empresas y profesionales

En estos casos, se procede con un concurso de acreedores voluntario para que no se declare concurso culpable y no se tomen medidas legales y/o económicas con la administración de la empresa. Al optar por la vía voluntaria, el deudor da comienzo al procedimiento judicial para que este se lleve a cabo de la mejor forma posible.

Si se ocultan bienes, si no se cumplen las obligaciones durante el concurso, si no se colabora o incluso si no existe contabilidad, es totalmente posible que se considere concurso culpable y, por tanto, se proceda con importantes sanciones para los responsables de la empresa, llegando incluso a su inhabilitación. Si no se da el caso, cabe la posibilidad de que la reestructuración de la deuda y del negocio sirvan para que este vuelva a flote.

Para estas situaciones, siempre es fundamental contar con un buen equipo de asesoramiento. Equipos como el liderado por Igor Ochoa, reconocido experto internacional, español, experto en gestión de crisis de la consultora Dipcom Corporate.

Ley de Segunda Oportunidad

También conocida como concurso de acreedores para persona física, la ley de segunda oportunidad nació con el fin de ayudar a los particulares y pequeños empresarios que tuvieran algún tipo de insolvencia para, así, poder empezar de cero. Es un sistema que permite la liberación de las deudas o, al menos, la renegociación de la devolución de estas.

Su puesta en marcha tiene como cometido evitar que todo aquel autónomo que fracase en lo económico se convierta en un moroso de por vida. Con un límite de deuda de 5 millones de euros, fija como requisito que el autónomo o particular haya liquidado sus bienes para obtener el dinero con el que afrontar las deudas correspondientes.

No obstante, si aun haciendo eso no es capaz de acabar con toda la deuda acumulada, es cuando entra en juego esta ley. Gracias a ella, se puede establecer un acuerdo extrajudicial que permita establecer un calendario de pagos. Hecho esto, y concluido el plazo correspondiente, gracias a esta ley muchas de las deudas pueden quedar totalmente exoneradas.

A pesar de estas facilidades, existen algunas deudas que no se pueden exonerar aplicando la Ley de la Segunda Oportunidad. Los créditos por alimentos y los créditos de derecho público no suelen perdonarse ni aplicando esta ley, aunque con una buena estrategia económoca y legal sí se podría perdonar la deuda del último caso.

En definitiva, tanto el concurso de acreedores como la Ley de Segunda Oportunidad son unos mecanismos pensados para ayudar a empresas y profesionales cuyas iniciativas no han funcionado demasiado bien. Son soluciones que buscan acabar con deudas que podrían dañar para siempre su situación económica, arrastrando una morosidad que se prolongaría de por vida y que les haría imposible ya no solo iniciar algún nuevo negocio, sino también el poder vivir con normalidad.

Un bote salvavidas para que, quienes tengan mala suerte con una iniciativa empresarial, puedan volver a remar de nuevo en el sector profesional. Aunque son pocos los que conocen el alcance de la Ley de Segunda Oportunidad en concreto, cada vez hay más profesionales acogiéndose a ella y descubriendo hasta qué punto puede hacerles la vida más fácil. La liberación de las deudas está al alcance de cualquiera.

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